ATE Junín

Asociación Trabajadores del Estado

Bachilleratos de la CTA

El Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires otorgó un principio de acuerdo donde reconocería el funcionamiento y planes de estudio de 6 nuevos bachilleratos
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Tras un intenso plan de lucha que llevó adelante durante todo este año la Coordinadora de Bachilleratos Populares en Lucha, el 25 de agosto el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires otorgó un principio de acuerdo donde reconocería el funcionamiento y los planes de estudio de seis nuevos bachilleratos que ya están en marcha en diferentes puntos de la capital.

Con éste reconocimiento quienes egresan tendrán el título de su escuela, y se abrirían instancias institucionales para que los educadores perciban su salario de trabajadores. Además podrán empezar a discutir sobre las condiciones de infraestructura de los espacios educativos.

El Bachillerato Popular Salvador Herrera funciona en el comedor comunitario, el “Torito Pulenta” en Barrio Pirelli, Mataderos, al sur de Capital Federal. Está rodeado de los Barrios INTA, Albariño, Scapino, Cildañez y Villa 15 o Ciudad Oculta. Desde sus inicios acogió todas las luchas cotidianas en el barrio, en contra de los aparatos partidarios tradicionales, contra las organizaciones del delito, por mejores condiciones y formó parte de la lucha por la urbanización que se dio en ese territorio, cuando se consiguió arrancarle al Estado la construcción de viviendas y la reconstrucción del comedor.

“Para nosotros el reconocimiento es clave, porque es la posibilidad de disputar con el Estado para hacer de la educación una política que sea pública, pero a la vez que sea popular, y desde las organizaciones. Nuestros programas de estudio son construidos por compañeros y compañeras militantes, desde una mirada de los trabajadores y trabajadoras”, explicó Pablo Spataro, Secretario Adjunto de CTA Capital, miembro de la Junta Interna de ATE Segemar-Minería y educador en el Bachillerato Popular Salvador Herrera.

Recuperar los sindicatos o formar nuevos, organizar experiencias de formación autogestivas, conformar cooperativas de vivienda, poner de pie centros culturales y recuperar los clubes barriales son algunas de las estrategias de los trabajadores para vivir en una sociedad mejor. “Fundamentalmente entendemos que hay una lucha que damos todos los días en la calle y en los sectores de trabajo, que también se da al discutir con los compañeros de los barrios qué país queremos o qué formación queremos, es eso mismo lo que hacemos en las aulas”, explicó Nicolás Rodríguez Saa, que además de profesor en el bachillerato, es trabajador del Museo Nacional de Historia del Traje y delegado de ATE desde el 2008.

Una característica particular del Salvador Herrera, que crece y se fortalece en el seno de la CTA Autónoma, es que los profesores en su mayoría son delegados de juntas internar o militantes sindicales en sus lugares de trabajo, que cotidianamente asumen la necesidad de transformar la realidad, desde el Estado, desde diferentes gremios o actividades: “Este es un Bachi con identidad de clase trabajadora y creemos que esa es una de las particularidades de la educación popular”, cuenta Nicolás.

Este Bachillerato nació fruto del sueño de las organizaciones que conformaban la mesa territorial de CTA Capital de la zona sur de la ciudad, que en su momento crearon comedores o merenderos, y se plantearon poder dar respuesta a otro tipo de necesidades, como es el caso de la educación. Ana Clara Muncada, que siendo integrante del Sindicato de Judiciales de Buenos Aires (AEJBA-FJA), decidió vincularse al espacio como educadora, dijo “Lo que prevalece es la identidad de los trabajadores. Algunos tenemos la oportunidad de tener salarios dignos, estar en blanco, tener obra social y hay otros trabajadores que están totalmente precarizados y que están privados de los derechos a la vivienda, a la salud, a la educación, pero todos somos laburantes y es a partir de esa identidad en común que tenemos que complementarnos”.

“Los barrios, los sindicatos, debemos desdibujar esas fronteras que no son reales y trabajar en pos de superar al sistema en su conjunto. A veces existen muros invisibles que nosotros mismos sin querer promovemos, ya sea en lo sindical o en lo territorial, y en realidad debemos entender a la villa como un barrio obrero, entender que se conforman a partir de sueños, de personas que se acercan a las grandes ciudades en búsqueda de oportunidades de estudio, oportunidades de trabajo. La explotación genera que no tengan acceso a la vivienda digna y se empiezan a generar estos barrios precarios”, agregó Ana Clara.

En la escuela el clima es de alegría, amabilidad, compañerismo, entusiasmo. Niños y niñas esperan pacientes mientras su papá o mamá estudia, los más adultos colaboran con los más jóvenes, y con quienes tienen bebés pequeños. La fachada luce un enorme mural realizado durante largas jornadas de creatividad colectiva. En las paredes del interior pintadas de rojo, azul, verde turquesa, amarillo; se ven los afiches que identifican la lucha contra la precarización y por el trabajo digno, contra la violencia de género, por el derecho a decidir.

Todo se resuelve democráticamente, otorgándole el máximo poder de decisión a la asamblea. Si bien hay un equipo de profesores que marcan las líneas fundamentales en relación a lo pedagógico, la escuela funciona sin jerarquías: “No tenemos directivos: profesores y estudiantes estamos en un plano de igualdad y definimos en conjunto cual es nuestro proyecto político pedagógico y ahí es donde enfocamos una educación transformadora. Queremos generar pensamientos críticos, cuestionarlo todo y sacar nuestras propias conclusiones”, agregó Ana Clara.

Los contenidos de éste y de todos los bachilleratos populares no son los mismos que en la escuela tradicional -En términos de Freire: educación tradicional o bancaria y escuela popular-. “La educación tradicional funciona, generalmente, como el aparato reproductor de las clases dominantes y una de las cosas que nosotros intentamos hacer es de construir una forma de ser, de pensar y de vivir contra-hegemónica, que nos libere”, contó Nicolás.

Con perspectiva clasista

La pedagogía es muy distinta de la que se utiliza en la escuela tradicional, que es una educación que reproduce el sistema capitalista y expulsa a gran cantidad de estudiantes, sobre todo de los barrios. Al respecto, Ana Clara dijo: “Buscamos cuestionarnos esos conceptos y prácticas que excluyen. Y en el proceso que hacen los estudiantes, ésto es muy notorio. Las compañeras y compañeros que están egresando de tercero son personas totalmente cambiadas, los profesores que venimos haciendo una trayectoria acá adentro, también. El proceso transformador que se da en el bachillerato, es muy real”.

Verónica Romano, es estudiante de tercero y en diciembre, a sus 50 años, se recibirá de bachiller: “Aquí encontré una familia muy grande, con excelentes compañeros y profesores. Si me lo permiten, después de egresar me gustaría mucho quedarme a colaborar para que esta experiencia crezca. Acá aprendemos a defendernos, a lucharla, que tenemos voz, tenemos palabra y valemos. Yo antes acataba lo que me decían. Ahora, quienquiera imponerme algo, se que voy a poder defenderme, dar mi punto de vista”.

Por otro lado está Marta Ponte – a punto de cumplir sus 60 años- a los 13 dejó los estudios para trabajar y ayudar en su casa. Hoy es estudiante del segundo año, y está orgullosa de llevarle el título bachiller a sus hijos: “Conocí el Salvador Herrera en el Encuentro de Mujeres en San Juan. Como me quedaba tan cerca, me sumé con todo lo difícil que es retomar el estudio a mi edad, y siendo que cuando yo era chica los métodos eran muy distintos. Acá me ayudaron a descubrir mis derechos para defenderlos desde mi lugar en la sociedad. Nunca hay un no, todo se debate, siempre escuchan lo que uno tiene para aportar de la vida”.

Damián Rivero también es estudiante de segundo año, vivió toda la vida cerca de Pirelli. Pero el año pasado, ya padre de dos niños, decidió inscribirse al bachillerato: “Los profesores siempre te escuchan, se toman el tiempo que no tienen para explicarte. Si hay alguien que no entendió, nos detenemos todos hasta que ese compañero comprenda. Yo ya sé que el año que viene termino, pero si tuviera que estar 3 años más acá, me quedaría. Estoy muy cómodo y muy contento”, cuenta Damián orgulloso de sus logros.

Artículo publicado en el Periódico de la CTA Nº 110, correspondiente al mes de octubre de 2015